Año 1919.
En el centro de la capital del Turia, en el Bar Torino, se gesta la iniciativa de crear un club de fútbol. El primer presidente del Valencia Football Club, Octavio Augusto Milego Díaz, fue elegido por azar: una moneda lanzada al aire sirvió para decidir entre él y Gonzalo Medina Pernás, quien finalmente se quedó con la parcela de la comisión constituyente y de festejos.
Milego y Medina trabajaron codo con codo en un pequeño establecimiento de la calle Barcelonina que, en un principio, hizo las veces de sede del nuevo club. Junto a ellos estaban en aquella primera directiva valencianista los hermanos Pascual y Julio Gascó, Andrés Bonilla, José Llorca, Fernando Marzal y Adolfo Moya.
Sin embargo, la decisión de estos pioneros del Valencia no tuvo repercusión social y mediática, porque los periódicos de la época apenas se ocupaban del deporte y, además, la situación sociopolítica de España era incierta. Antes de la creación del Valencia Football Club, el fútbol existía ya en Valencia, a pesar de que no había un club hegemónico en la ciudad. Parece ser que el fútbol llegó a Valencia de la mano de los que, vinculados a la exportación de cítricos, habían estado en Gran Bretaña, cuna del balompié. Este fue el caso de Francisco Sinisterra o Ramón Leonarte. De la misma manera, era bastante común ver a los marineros británicos en los puertos valencianos jugando con un balón. Ya en 1908, en Valencia había equipos como el Levante, Gimnástico, Hispania o Hispano.
Una vez constituido el club, el primer partido disputado por el Valencia fue en terreno ajeno. Se celebró en Castellón, el 21 de mayo de 1919. Su rival, el Gimnástico valenciano. El resultado fue favorable para estos últimos por 1-0. La primera alineación valencianista de la historia tuvo como protagonistas a Marco, Peris, Julio Gascó, Marzal, Llobet, Ferré, Fernández, Umbert, Martínez Ibarra, Aliaga y Gómez Juaneda.
El primer campo propio del Valencia fue el
desaparecido Algirós, inaugurado el 7 de
diciembre de 1919. Algirós fue escenario de los
partidos del club hasta 1923, fecha en la que se
empezó a jugar en el campo de Mestalla. El día
de la inauguración del primer feudo
valencianista el invitado fue el Castalia de
Castellón y el resultado fue un empate sin
goles. Al día siguiente se volvieron a ver las
caras ambos conjuntos y el Valencia se impuso
1-0.
Poco a poco, el público se fue animando a acudir
a Algirós para ver el espectáculo futbolístico.
Por aquel entonces las entradas ascendían a 25
céntimos y las recaudaciones empezaron a ser
suficientes para sufragar los gastos.
Durante los años 20, el espíritu de
revancha y la tensión deportiva iban en aumento
cada vez que se enfrentaban los diferentes
conjuntos en el Campeonato Regional. En 1923, el
Valencia se proclamó campeón regional y pudo
participar, por primera vez en su historia, en
la Copa de España. La progresión en los
resultados del equipo demostraba que estaba en
disposición de liderar el fútbol de la capital
valenciana. Tres o cuatro años después de su
fundación, el Valencia ya era el enemigo más
temible por el resto de equipos y su afición
crecía cada vez más.
La importancia del conjunto valencianista
se vio refrendada al contar con jugadores de
gran calidad, como Montes o Cubells, a los que
se les quedaba pequeño el fútbol regional. La
afición se dividió entre los incondicionales de
uno y otro jugador, como si de dos toreros se
tratase: por un lado, estaban los cubellistas, y
por otro, los montistas. Esta rivalidad era
buena para el equipo, ya que ambos futbolistas
tenían un objetivo común: defender los colores
del Valencia Club de Fútbol.
Ante la primera participación del
Valencia en la Copa de España, en la capital del
Turia se creó una gran expectación. El rival fue
el Sporting de Gijón. El partido de ida se
disputó en el campo de Algirós, que registró un
lleno histórico. El resultado fue 1-0 para los
locales, tanto anotado por Montes. Un mes
después, el partido de vuelta se saldó con una
derrota abultada (6-1) del Valencia en Gijón,
aunque como la competición era por puntos se
jugó un tercer partido, celebrado en Oviedo, en
el que el Sporting se impuso de nuevo por 2-0.
A pesar de la derrota, el Valencia
aprovechó la oportunidad de medirse con un
conjunto importante a nivel nacional, lo que
aumentó el número de seguidores del equipo che.
Este progresivo aumento del interés por el
Valencia provocó que los dirigentes
valencianistas buscaran parcelas en venta para
construir un nuevo campo para el equipo. Se
encontró una que estaba emplazada junto a la
acequia de Mestalla.
Ramón Leonarte fue el presidente del Valencia
que firmó la escritura de compra del terreno de
Mestalla en enero de 1923 y que costó 316.439
pesetas, una cantidad considerable para la época
que se sufragó a base de créditos. El aforo del
campo sería de 17.000 espectadores y el proyecto
se le encargó a dos hombres ligados a la entidad
valencianista: el arquitecto era Francisco
Almenar, futuro presidente, y el constructor
Ramón Ferré, que también era socio del club.
La inauguración del nuevo estadio tuvo
lugar el 20 de mayo de 1923 y el invitado fue el
Levante U.D. El resultado final fue 1-0 para el
Valencia y el primer jugador que tuvo el honor
de marcar en Mestalla fue Montes. Una semana más
tarde fue un equipo escocés, el Dundee United,
quien visitó Mestalla. Jugó dos días seguidos y
ganó por 0-3 y 0-1, respectivamente.
Se puede decir que hasta 1923 no existía la
figura del entrenador. Fue antes del inicio de
la temporada 23-24 cuando el club contrató a un
preparador checoslovaco, Anton Fivber, que fue
el encargado de darle prestigio nacional al club
de Mestalla. El trabajo del entrenador fue
bueno, ya que promocionó especialmente la
cantera, en un momento en que en este deporte se
estaba imponiendo poco a poco la
profesionalización.
En España se promovía, en esos momentos, la
creación de una liga nacional que integrara a
los mejores conjuntos del país. El Valencia
tenía como objetivo participar en esa
competición, pero al ser una entidad joven y no
poseer un extenso currículum fue necesario
esperar tres años para incorporarse a la Primera
División.A finales de la década de los 20
aterrizó en el club valencianista Luis Colina,
que ejerció de secretario técnico de 1928 hasta
1956 y cuya labor fue fundamental para cimentar
los éxitos del equipo. Además de crear escuela,
Colina se caracterizó por tener buen ojo para
contratar a jugadores.
La Liga quedó dividida en una Primera y en
una Segunda división. En Primera garantizaron su
participación los seis campeones de la Copa de
España: Athletic de Bilbao, Real Madrid,
Barcelona, Real Sociedad, Real Unión de Irún y
Arenas de Getxo, a quienes se les unieron los
tres subcampeones de aquel torneo: Atlético de
Madrid, Español y Europa. Había nueve equipos y
faltaba uno para completar una liga que tendría
diez equipos, y que tenía que salir de un torneo
que enfrentó al Valencia, Betis, Sevilla y
Racing de Santander. Los cántabros se ganaron el
derecho a participar en Primera, mientras que el
Valencia tuvo que jugar en la categoría de
plata.
El primer campeonato de liga en que
participó el Valencia -la temporada 28-29-
contó, al igual que la máxima categoría, con
diez equipos, que al final se clasificaron por
el siguiente orden: Sevilla, Iberia de Zaragoza,
Deportivo Alavés, Sporting de Gijón, Valencia,
Real Betis, Real Oviedo, Deportivo de La Coruña,
Celta de Vigo y Racing de Madrid.
El debut histórico del Valencia en la liga
se produjo el 17 de febrero de 1929 en Mestalla,
ante el Oviedo, con triunfo valencianista por
4-2. Ese día jugaron Pedret, Torregaray, Moliné,
Salvador, Molina, Amorós, Pérez, Imossi,
Navarro, Silvino y Sánchez. Imossi y Navarro
marcaron un gol cada uno, mientras que Silvino
anotó dos tantos.
En su tercera temporada en Segunda división
el Valencia consiguió el anhelado ascenso a
Primera, en una temporada 1930-31 en la que el
conjunto dirigido por Fivber impuso su enorme
superioridad. Los futbolistas que componían la
plantilla del ascenso eran Cano, Villarroya,
Conde I, Melenchón, Torregaray, Pasarín, Torres,
Amorós, Arilla, Conde II, Imossi, Molina,
Salvador, Costa, Navarro, Octavio, Perona,
Picolín, Ricart, Rino, Sánchez, Torredeflot y
Vilanova. Ese ascenso cerraba la primera gran
etapa de la vida del club y abría otra de
esplendor y de títulos. Tras cinco campañas de
acoplamiento a la categoría, y el parón que
supuso la Guerra Civil, llegaría la mejor década
de la historia del equipo che.
Tras la Guerra Civil, el Valencia se tuvo que
adaptar a la nueva realidad. Muchos de los
futbolistas que estaban en 1936 dejaron de
pertenecer al conjunto che tres años después.
Los militares también entraron, como en otros
ámbitos de la vida, en el fútbol. En el caso del
Valencia, en junio de 1939 fue nombrado
presidente el comandante Alfredo Giménez Buesa,
con Luis Casanova de vicepresidente. Entre los
objetivos del nuevo régimen estaba la
eliminación del profesionalismo, que
consideraban una reminiscencia republicana. Otro
puntal del valencianismo que sufrió las
consecuencias de la contienda civil fue
Mestalla, destrozado por los continuos
bombardeos sufridos. Se acometió una
remodelación y ampliación del estadio, que
pasaría a tener una capacidad para 22.000
espectadores.
Con el traslado del comandante Giménez, la
presidencia del club recaló en Luis Casanova.
Con él llegaría la mejor época del club. En diez
campañas, el Valencia obtuvo tres títulos de
Liga y dos Copas, llamadas entonces del
Generalísimo. El esplendor fue posible gracias a
que se mantuvo la base de la plantilla anterior
a la guerra, a la extraordinaria 'delantera
electrica' que formaban Epi, Amadeo, Mundo,
Asensi y Gorostiza, por la personalidad del
presidente Luis Casanova, por la trayectoria en
el banquillo de hombres como Cubells, Moncho
Encinas, Pasarín y Jacinto Quincoces, por la
recuperación del estadio de Mestalla y por la
fundación del equipo filial: el Club Deportivo
Mestalla.
Pero no hay duda de que el Valencia tenía
un gran equipo, posiblemente una de las mejores
plantillas que haya tenido nunca, con Ignacio
Eizaguirre (Álvaro y Juan Ramón) y la delantera
eléctrica, formada por dos jugadores valencianos
y tres vascos. Esta plantilla conquistaría el
primer gran título nacional para el club: la
Copa de 1941, ante el Español. Era el primer
triunfo tras dos décadas de existencia, y la
celebración en la capital del Turia fue
apoteósica.
Una Copa, un tercer puesto en Liga, varios
internacionales en el equipo y una gran visión
de futuro del club posibilitaron que el Valencia
se hiciera un hueco entre los ‘grandes’ del
fútbol español.
La guinda se puso en la temporada 41-42, en
la que el club de Mestalla ganó por primera vez
en su historia el campeonato liguero. Lo
paradójico es que, en aquel entonces, tenía
mucha más repercusión la Copa que la Liga. Pero
sería injusto olvidar que en el torneo de la
regularidad el Valencia hizo una temporada
magnífica. Logró un auténtico récord de goles
(85 en 26 partidos), hizo de Mestalla un
auténtico fortín (sólo ganó el Atlético
Aviación) y se mostró intratable. Además, su
delantero centro, Edmundo Suárez, Mundo, fue el
máximo goleador con 27 dianas.
Tras un paréntesis de una campaña, en la
temporada 43-44 el Valencia volvió a hacerse con
la Liga. En esta ocasión, el Valencia se mantuvo
en lo alto de la clasificación desde el
principio del torneo. En esta ocasión, solamente
el Barça ganó en Valencia (3-4), en el segundo
partido liguero y Mundo volvió a ser el pichichi,
con 27 goles. La superioridad del Valencia restó
emoción a la Liga, aunque dejó encantados a sus
aficionados, que vieron cómo su equipo sumaba el
tercer título en cuatro temporadas. Pero en los
años cuarenta también hubo sinsabores para los
intereses valencianistas. De hecho, el club de
Mestalla es el único del fútbol español que ha
perdido tres finales consecutivas. El Valencia
fue subcampeón de Copa en 1944, 1945 y 1946, y
lo volvió a ser en 1970, 1971 y 1972. Lo curioso
es que las tres finales perdidas en la década de
los cuarenta tuvieron el mismo escenario: el
estadio Olímpico de Montjuïc. El estadio
barcelonés fue considerado gafe por los
aficionados valencianistas de la época. En la
primera final el Valencia perdió 2-0 frente al
Atlético de Bilbao, por 3-2 también ante el club
bilbaíno en 1945 y por 3-1 ante el Real Madrid
en 1946.
La tercera liga conseguida por el Valencia
fue en la campaña 46-47, año en el que se
instauró la quiniela. En esta ocasión, el
Valencia tuvo que sufrir hasta el final para
conseguir el triunfo. El inicio del campeonato
fue malo y en la octava jornada el club che
estaba a dos puntos del colista. Se llegó a la
última jornada sin nada decidido y se tenía la
sensación de que el Atlético de Bilbao iba a ser
el campeón, aunque también tenían algunas
opciones el Atlético de Madrid (que dejó de ser
Atlético de Aviación a partir de enero de 1947)
y el Valencia. En el último partido, el equipo,
entrenado por Pasarín, se impuso 6-0 ante el
Gijón. El resto de los rivales tropezaron. El
Bilbao empató 3-3 en La Coruña y el Atlético de
Madrid cayó en casa ante su eterno rival, el
Real Madrid, 2-3. El Valencia fue campeón por su
diferencia particular de goles con el equipo
vasco, al que había ganado tanto en San Mamés
como en Mestalla. Al no haber ni marcadores
electrónicos ni los programas radiofónicos, el
teléfono fue el que informó de la consecución de
la tercera liga.
El final de la década de los 40 reflejó el
cambio generacional que estaba sufriendo el
equipo, en el que comenzaban a despuntar
jugadores como Puchades y Vicente Seguí.
El Valencia había perdido sus tres finales
anteriores jugadas en Barcelona. En la final de
Copa de 1949, que enfrentó al Atlético de Bilbao
y al Valencia, los valencianistas jugaron en la
capital de España una final muy reñida que se
resolvió con un gol de Epi y que ponía punto
final a una generación de jugadores que habían
sido muy rentables para el Valencia Club de
Fútbol.
A pesar de que no se pudieron repetir los
éxitos logrados en la década anterior, en los
años cincuenta, sobre todo en la primera mitad
de la década, el fútbol desarrollado por el club
de Mestalla volvió a brillar. La calidad de los
futbolistas era grande, pero una serie de
factores influyeron para que el rendimiento
fuera menor. En esta década llegaron los
jugadores extranjeros al fútbol español, lo que
acrecentó el poderío de algunos clubes, como el
Real Madrid de Di Stéfano y el Barcelona de
Kubala.
El futbolista más destacado del Valencia de
los cincuenta fue, sin ninguna duda, Antonio
Puchades. Muy pronto, el de Sueca se convirtió
en el estandarte del equipo y, hasta su
retirada, pieza fundamental en el club.
En esta década se acometieron las obras de
remodelación y ampliación del estadio: la
creación del Gran Mestalla. El reto del club era
crear un marco donde disputar los encuentros
acorde con la importancia del equipo, de la
ciudad y con el gran número de aficionados
valencianistas. El objetivo se consiguió, pero
el enorme esfuerzo económico repercutió
negativamente sobre la plantilla, que, en
ocasiones, no pudo ser reforzada en condiciones.
La remodelación, que permitió que Mestalla
pudiera dar cobijo a 45.000 espectadores, supuso
una inversión próxima a los cien millones de
pesetas, una cifra muy alta para aquellos
tiempos. Pero la casa de los valencianistas se
convirtió en uno de los mejores estadios
españoles, lo que con el tiempo le llevaría a
ser sede de la selección nacional en el Mundial
de 1982 celebrado en España, así como en los
Juegos Olímpicos de Barcelona ’92.
Otro nombre destacado en el Valencia de los
50 es Jacinto Quincoces. Con él se afianzó un
nuevo Valencia, con los jugares más jóvenes de
la década anterior como Monzó, Pasieguito,
Puchades o Seguí, y los fichajes (Wilkes,
Santacatalina, Buqué, Sendra, Mañó, Mangriñán,
Quincoces II, Pla, Sócrates, Gago, Badenes,
Quique, Fuertes o Taltavull, entre otros). La
continuidad de Quincoces como entrenador se
prolongó desde 1948 hasta 1954.
La temporada 50-51 fue la primera en la que
participaron 16 equipos. El campeonato del
Valencia fue muy irregular. En Mestalla cayeron
los grandes y los equipos mejor clasificados,
pero se perdió ante del Deportivo y el Celta y
no se pudo pasar del empate ante conjuntos como
el Santander o la Real Sociedad. El Valencia
acabó tercero y en la Copa del Generalísimo se
cayó a las primeras de cambio ante el Real
Madrid. El presidente presentó la dimisión,
aunque Luis Casanova fue convencido para
continuar en un cargo que no abandonaría hasta
1959.
El Valencia accedió a dos finales de Copa,
ambas disputadas contra el Barcelona. La primera
fue en 1952. Ese año la liga no fue mala, ya que
el equipo se clasificó en quinta posición, en la
que sería la peor campaña de Quincoces como
técnico che. En Copa, tras superar a Sevilla y
Zaragoza, llegó a semifinales, donde se vio las
caras con el Real Madrid, al que también se
impusieron. El último escollo para lograr el
título era el Fútbol Club Barcelona, con el que
se midió en Chamartín el 25 de mayo de 1952.
Badenes adelantó al Valencia en dos ocasiones y
encarriló la final para el conjunto valenciano.
Pero el auténtico ‘palo’ estaba por llegar:
antes del descanso, el conjunto blaugrana logró
acortar diferencias. En el segundo tiempo todo
fueron desgracias para el conjunto dirigido por
Quincoces y la remontada del Barça se consumó,
logrando un marcador final de 4-2.
En la temporada 51-52, el Mestalla jugó en
Segunda División. El entrenador, Carlos
Iturraspe, le pidió a Juan Ramón que participara
con el filial valencianista. Con el veterano
jugador de Erandio, el Mestalla quedó segundo
clasificado y disputó la liguilla de ascenso, en
la que superó al Gijón, Santander, Alcoyano,
Logroñés y Ferrol, aunque el club renunció al
ascenso del filial. Esta decisión generó una
fuerte polémica en Valencia, ya que había
aficionados que consideraban que el equipo debía
subir, aunque el Valencia dejó claro que la
función del Mestalla, fundado en 1944, debía ser
la formación de jugadores para la primera
plantilla.
La temporada 52-53 fue buena para el
Valencia. Se proclamó subcampeón jugando muy
bien y con una plantilla renovada con jugadores
mestallistas, como Sendra, Mañó, Mangriñán y
Sócrates. El Barcelona fue el campeón y el
Valencia echó por tierra sus aspiraciones en el
último mes de competición. Además, el mismo
Barça se encargó de eliminar al Valencia en la
Copa.
La liga siguiente pasó bastante
inadvertida, aunque lo cierto es que los de
Quincoces acabaron en tercera posición, por
detrás de Madrid y Barça. Lo mejor de aquel año
fue la consecución de la Copa del Generalísimo.
El rival fue de nuevo el Barcelona, pero esa vez
el equipo catalán cayó estrepitosamente por 3-0,
por lo que el club de Mestalla se tomaba una
merecida revancha de la final de 1952. Aquel 20
de junio de 1954, Quincoces alineó a Quique,
Monzó, Puchades, Badenes, Pasieguito, Seguí,
Sócrates, Juan Carlos Quincoces (sobrino del
entrenador), Mañó, Fuertes y Buqué. Los goles
fueron anotados por Fuertes, en dos ocasiones, y
Badenes. Éste fue un triunfo histórico en
Chamartín y la imagen de la final fue la del
guardameta Quique sentado en el larguero, que
simbolizaba la superioridad del Valencia.
Con este título de Copa, el Valencia cerró
el capítulo de éxitos deportivos bajo la
presidencia de Luis Casanova. Tras la Copa, se
vivió una etapa de transición que no agradó a la
afición. Hasta finales de esta década, aunque
seguía habiendo jugadores de calidad, el club de
Mestalla no estuvo nunca en situación de ganar
la Liga ni volvió a acceder a una final copera.
Además de Puchades, otros grandes jugadores
pasaron por las filas valencianistas en la
segunda mitad de la década. Uno de los de más
calidad fue Servaas Wilkes, un holandés
procedente de Italia que era un auténtico
malabarista con el balón en los pies y que
encandiló a la afición en sus tres temporadas
como jugador del Valencia.
Durante once temporadas, el navarro Juan
Carlos Quincoces vistió la elástica blanca y
demostró ser un defensa efectivo y muy regular,
que jugó todos los partidos oficiales desde la
campaña 54-55 hasta la 58-59 (120 encuentros
consecutivos de Liga, más los de Copa).
En enero de 1956 debutaba con el Valencia
Manolo Mestre, un jugador nacido en Oliva y que
se convirtió en el valencianista que más
partidos de Liga había disputado en este club
hasta que Ricardo Arias le superó en los
noventa.
La riada que afectó a Valencia en 1957
también salpicó al club de la Avenida de Suecia.
Tras este desastre siguieron años de austeridad
y de mediocres resultados deportivos.
Definitivamente, el presidente que más años ha
estado en el club, Luis Casanova, dejaba la
presidencia tras casi dos décadas. El mandatario
no negó nunca que la muerte de su estrecho
colaborador Luis Colina fuera uno de los
factores determinantes de su decisión. Le
sustituyó Vicente Iborra. Con él, pero sobre
todo con su sustituto Julio de Miguel, el
Valencia entraría en los años sesenta,
caracterizados por los éxitos europeos.
El 2 de julio de 1961, con la ciudad de
Valencia aún conmocionada por el fallecimiento
del brasileño Walter en un accidente de tráfico
ocurrido en la carretera de El Saler, Julio de
Miguel Martínez de Bujanda accedió a la
presidencia del club. Comenzaban así otros diez
años buenos para la historia del Valencia. Al
mismo tiempo, en el fútbol español se imponía
una nueva necesidad: competir en los torneos
continentales y demostrar el poderío midiéndose
con otros conjuntos europeos.
Uno de los primeros éxitos del nuevo
presidente fue que aceptaran al Valencia sen la
Copa de Ciudades en Feria, competición en la que
por aquel entonces se participaba por
invitación, y no por una buena clasificación
liguera. De Miguel, además, conseguía fichar a
un gran jugador: el brasileño Waldo Machado, que
daría grandes tardes de fútbol en Mestalla y se
convertiría en uno de los máximos goleadores de
la historia che. Sus golpes francos, sus remates
inverosímiles y su fútbol alegre dejaron huella
tanto en España como en Europa durante diez
años. La pareja ideal de Waldo fue Vicente
Guillot, que tuvo una carrera paralela a la del
brasileño, con el que se entendió a la
perfección.
Los éxitos europeos del Valencia han venido
acompañados, por lo general, de ligas discretas.
Eso ocurrió la temporada 61-62, en la que el
Valencia aseguraba la victoria en casa pero
fuera no conseguía arrancar ningún positivo.
Acabó a doce puntos del Real Madrid, en séptima
posición.
En la Copa de Ferias, el primer rival que
había que superar era el Nottingham Forest, uno
de los grandes del fútbol inglés. El partido de
ida, en el City Ground de la ciudad británica,
se saldó con un espectacular 1-5 favorable al
conjunto che. Tras pasar la eliminatoria ante
los ingleses, el siguiente equipo en caer fue el
Lausana. El Valencia ya estaba en cuartos de
final y el rival que le tocó fue el potentísimo
Inter de Milán, al que derrotó en Mestalla 2-0 y
empataron a tres en la capital lombarda.
El Valencia arrolló en semifinales al MTK
de Budapest, venciéndoles por 3-0 en Valencia y
3-7 en Budapest, en una de las grandes goleadas
europeas del conjunto valencianista.
En la final esperaba un viejo conocido: el
Fútbol Club Barcelona. El triunfo fue histórico.
El 6-2 endosado al Barça, en una final europea,
enloqueció a los miles de aficionados
valencianistas que llenaron Mestalla aquel 12 de
septiembre de 1962. La final estaba sentenciada
y en el partido de vuelta, en el Nou Camp, el
resultado fue de empate a uno. En los dos
encuentros de la final participaron Zamora,
Piquer, Quincoces, Mestre, Sastre, Chicao,
Héctor Núñez, Guillot, Waldo, Ribelles y Yosu.
El campeón de la Copa de Ferias reeditaría
su título la temporada siguiente. Los primeros
escollos fueron tres equipos escoceses: el
Celtic de Glasgow, el Dunfermline y el
Hibernians de Edimburgo. En semifinales tocó el
Roma. Un 3-0 en Mestalla y una ajustada derrota
por 1-0 en el Olímpico romano adjudicaron al
Valencia el pasaporte para una nueva final.
El rival en la final fue el Dynamo de
Zagreb. El partido de ida se disputó en la
ciudad por aquel entonces yugoslava y tras
adelantarse el conjunto local, el Valencia
remontó por obra de Waldo y José Antonio Urtiaga.
El partido de vuelta se celebró un 26 de junio
de 1963 en Mestalla, donde 50.000 espectadores
pudieron comprobar la superioridad del Valencia,
que se impuso al equipo balcánico por 2-0, con
tantos anotados por Mañó y Héctor Núñez.
La temporada siguiente el Valencia volvió a
llegar a la final de la Copa de Ferias, esta vez
tras dejar en la cuneta al Shamrock Rovers
irlandés, al Rapid de Viena, al Ujpest Dosza
húngaro y, en semifinales, al Colonia alemán.
Tras superar a los alemanes con muchos apuros
esperaba en la final otro equipo español: el
Zaragoza de los cinco magníficos. A diferencia
de la final anterior, el triunfo esta vez cayó
de lado de los aragoneses, que se hicieron con
la Copa por 2-1. Los dos goles maños fueron
logrados por Villa y Marcelino, mientras Urtiaga
hacía el único tanto valencianista.
El equipo che recibió un duro golpe en la
final contra el Zaragoza. Esa derrota dio paso a
tres años de incertidumbre, hasta que en julio
de 1967 se conseguiría un nuevo título, esta vez
la Copa del Generalísimo.
El Valencia seguía renovándose. Llegaba el
turno para jugadores como Juan Cruz Sol y Pepe
Claramunt. La incorporación de estos dos hombres
fue clave para que el club de Mestalla volviera
a ocupar un lugar importante en el fútbol
español.
Con ellos, y con futbolistas como Waldo o
el guardameta asturiano Abelardo, el Valencia
llegó a la final de Copa de 1967. El camino fue
largo y complicado, aunque las primeras
eliminatorias, ante Cádiz y Betis, se salvaron
con holgura. En cuartos de final, el Valencia
tuvo que deshacerse del Real Madrid y, ya en
semifinales, del Elche, otro club histórico de
la Comunidad Valenciana. El Valencia estaba de
nuevo en una final de Copa y tenía que verse las
caras ante un antiguo rival: el Athletic de
Bilbao.
Roberto Gil levantó la cuarta Copa en la
historia del Valencia, al imponerse 2-1 en
Madrid al conjunto vasco, con goles del
paraguayo Anastasio Jara y Paquito. Esta nueva
Copa del Generalísimo significó un nuevo regalo
para los miles de aficionados valencianistas.
La temporada siguiente se produjo el debut
del Valencia en la Recopa, competición en la que
el Valencia pudo superar dos eliminatorias ante
el Crusaders de Irlanda del Norte y el Steaua de
Bucarest, mientras que cayó eliminado ante el
Bayern de Munich, que ya contaba en sus filas
con los legendarios Sepp Maier y Franz
Beckenbauer.
Después de aquella Copa de 1967, el
Valencia tuvo tres años discretos, hasta el
inicio de la década de los setenta, en la que
volverían los títulos.
Alfredo di Stéfano aterrizó en el Valencia en
abril de 1970, en un momento malo para el club
de Mestalla, sustituyendo al tándem formado por
Enrique Buqué y Salvador Artigas. En esa
temporada, el Valencia volvió a perder una final
de Copa en Barcelona, esta vez ante el Real
Madrid (3-1). Montjuïc volvió a ser un estadio
gafe para los intereses del Valencia, que en esa
final lo tuvo todo a su favor: el Madrid se
presentaba a ese partido con una de las peores
clasificaciones ligueras de su historia, en la
primera parte cayeron lesionados Grosso y
Amancio, pero los madrileños se impusieron
finalmente.
La primera temporada de Di Stéfano al
frente del equipo es una de las más intensas,
recordadas y emocionantes de la historia
valencianista y significó la última liga
conseguida hasta la fecha. Di Stéfano hizo un
conjunto nuevo, sólido y fuerte en defensa con
hombres como Sol, Aníbal, Jesús Martínez y
Antón, envolviendo a un seguro en la portería:
Abelardo. Fútbol inteligente y preciso en el
centro del campo, donde el punto de referencia
era Pepe Claramunt; y una delantera ágil, rápida
e ideal para el contragolpe que tuvo en Forment,
Valdez, Sergio y Pellicer a sus piezas básicas.
La temporada 70-71 era la última que
disputarían 16 equipos y tras los primeros
partidos el Valencia era un serio aspirante a
perder la categoría. Poco a poco, los resultados
fueron acompañando y el Valencia se afianzó en
la zona media de la tabla. El gran partido de
ese campeonato fue el que se jugó en el Nou
Camp. Allí el Valencia se impuso al Barcelona
0-2, con goles de Claramunt y Valdez, y Abelardo
detuvo una pena máxima. Fue un espaldarazo para
que el Valencia presentara sus credenciales para
ganar el título.
Lo que más se recuerda de aquella temporada
es el último partido de liga, disputado en
Sarriá. El Valencia llegó como líder, con 43
puntos, mientras que el Barcelona y el Atlético
de Madrid, que se enfrentaban entre sí, tenían
42 y 41, respectivamente. El equipo de Di
Stéfano necesitaba un punto que no consiguió, ya
que cayó ante el Español por 1-0, pero al
empatar colchoneros y culés el título fue a
parar a las arcas valencianistas. Muchos
analistas coinciden en que el Valencia ganó su
cuarta liga gracias a la solidez defensiva y a
los únicamente 19 goles que recibió Abelardo.
Finalizada la liga, el Valencia afrontaba
la Copa convencido de que se podía repetir el
doblete logrado en 1944, El conjunto che llegó a
la final, eliminando a Mallorca, Betis, Málaga
y, ya en semifinales, al Sevilla. Llegaba a la
final sin conocer la derrota, con dieciocho
goles marcados en ocho partidos, como campeón
liguero y con la moral por las nubes. El
escenario fue el Santiago Bernabéu y el rival,
un escocido Barcelona. El triunfo fue para el
equipo catalán, que, en una gran final, venció a
los valencianistas por 4-3. El Valencia no pudo
poner la guinda a una de las mejores temporadas
de su historia.
La consecución del título de Liga dio la
oportunidad de estrenarse en la Copa de Europa,
máxima competición del fútbol continental. El
paso del Valencia por esta competición fue
efímero, ya que superó al Luxemburgo y al Hajduk
Split y en tercera ronda cayó ante el Ujpest
Dosza.
A pesar de que posiblemente el Valencia
tenía mejor equipo que el que ganó la Liga, en
la temporada 71-72 sólo se pudo conseguir el
subcampeonato. Era el vigente campeón, y todos
los equipos le tenían muchas ganas. Las
incorporaciones de Quino, Adorno y Lico
mejoraron el potencial del equipo, aunque no fue
suficiente para repetir el éxito de la anterior
campaña y el campeón fue el Real Madrid.
Una vez más, el Valencia volvió a perder
una final de Copa, esta vez ante el Atlético de
Madrid por 2-1. Se adelantó Salcedo, empató
Valdez y el gol de la victoria madrileña fue
anotado por José Eulogio Gárate. Esta derrota
supuso un nuevo revés para los más de 20.000
valencianistas que presenciaron el partido.
En 1973 se produjo el adiós del presidente
Julio de Miguel, un año después de la muerte en
Mestalla del gerente Vicente Peris, su mano
derecha. Tras la marcha del presidente, el
Valencia pasó por la Liga sin pena ni gloria. En
la primera edición de la Copa de la UEFA,
competición sustituta de la Copa de Ferias, el
Valencia debutó ante el Manchester City, pero
cayó en la siguiente ronda ante el Estrella Roja
de Belgrado.
Francisco Ros Casares tomó el relevo de
Julio de Miguel, con una directiva con mucha
oposición que tuvo, como mayor éxito, la
adquisición de los terrenos de Paterna, donde se
ubicaría la futura Ciudad Deportiva del
Valencia.
El fútbol español abrió sus fronteras, lo
que permitió que cada equipo pudiera tener en
sus filas a dos jugadores extranjeros, lo que
finiquitaba el problema de los oriundos. Uno de
los primeros en llegar a Mestalla fue Salif
Keita, un delantero de Malí que venía de
triunfar en el fútbol francés. El otro fichaje
extranjero fue el austriaco Kurt Jara. La
temporada fue mala y el Valencia ni siquiera
participó en competición europea, hecho que no
se producía desde su debut en 1961.
A pesar de que esta etapa fue muy
complicada, el Valencia no dejó de contar con
grandes jugadores en sus filas, como fue el caso
de Johnny Rep, un magnífico extremo derecho
holandés procedente de uno de los mejores
equipos europeos del momento: el Ajax de
Amsterdam.
Tras la era Ros Casares le llegó el turno a
José Ramos Costa, proclamado presidente en enero
de 1976. Bajo su presidencia, el club de
Mestalla vivió una trayectoria deportiva marcada
por los títulos de Copa en 1979 y Recopa en
1980, aunque desde el punto de vista económico
el Valencia comenzó su endeudamiento, provocado,
en gran medida, por las obras de remodelación de
Mestalla para ser sede en el Mundial de 1982.
Con el inicio de la temporada 76-77 se abrió
una etapa completamente diferente para el
valencianismo. Al Valencia llegó el paraguayo
Heriberto Herrera como entrenador y como
jugadores se incorporaron, entre otros,
Castellanos, Diarte, Carrete, Botubot, Arias y,
sobre todo, Mario Alberto Kempes.
Kempes ha sido el jugador más importante
que ha pasado por la entidad che, tanto por sus
éxitos internacionales (fue campeón con
Argentina del Mundial de 1978) como por su labor
en el Valencia Club de Fútbol. Kempes fue el
máximo goleador de la Liga española en dos
ocasiones, en las temporadas 76-77 (24 goles) y
77-78 (28 goles), máximo goleador del Mundial
celebrado en su país en 1978 y artífice de la
Copa de 1979 y de la Recopa de 1980. Su carisma,
sus golpes francos y su habilidad para el gol
provocaron que un periodista argentino le
rebautizara con el sobrenombre de ‘Matador’ y
que todos los domingos, en Mestalla, se
escuchara aquello de ‘No diga Kempes, diga gol’.
Un entrenador destituido (Heriberto
Herrera), un crack como Kempes en el equipo,
jugadores de la tierra en expansión como Enrique
Saura o Ricardo Arias, un buen rendimiento de
los recién fichados Castellanos, Carrete y
Botubot fueron las claves de la primera
temporada de Ramos Costa como presidente.
Otro de los nombres importantes del
valencianismo que surge en esta época es el de
Ricardo Arias, el jugador que más veces ha
vestido la camiseta blanca en toda la historia.
Durante dieciséis temporadas, el futbolista de
Catarroja fue protagonista de los momentos más
brillantes y de los más tristes de la vida
valencianista.
El hispano-francés Marcel Domingo sustituyó
a Heriberto Herrera al frente del equipo y fue
el encargado de devolver al Valencia a Europa,
tras un lustro de ausencia. Domingo, que venía
de entrenar al Burgos, se trajo consigo a tres
jugadores, entre los que destacó el guardameta
Manzanedo.
Pasaban las temporadas y el Valencia nunca
carecía de jugadores de mucha calidad. Otros en
llegar en estos años fueron Daniel Solsona y
Rainer Bonhof, internacional alemán que había
sido campeón del mundo en 1974. El jugador
catalán, por su parte, ha sido uno de los
jugadores más técnicos que han estado enrolados
en las filas valencianistas.
La temporada 78-79 destacó por el papel
copero. La competición no fue fácil. El conjunto
dirigido por Pasieguito, que había sustituido a
Domingo, tuvo que medir sus fuerzas ante el
Barça. El partido de ida tuvo un resultado
esclarecedor: Barcelona 4 - Valencia 1. La
eliminatoria parecía sentenciada y pocos creían
en la remontada valencianista. Pero en el
partido celebrado en Mestalla el Valencia dio la
vuelta a la eliminatoria y venció al conjunto
blaugrana por 4-0, resultado que permitiría al
Valencia seguir en la Copa... y llegar a la
final.
Tras el Barça los rivales fueron de Segunda
División, y el Valencia superó holgadamente
tanto a Alavés como a Valladolid. Se llegó a la
final ante el Real Madrid. El escenario, el
Vicente Calderón. En las gradas, 25.000
aficionados valencianos que ondearon las
senyeras en la capital de España, celebrando uno
de los mejores triunfos de la historia del club.
El Valencia, que jugó con el uniforme de la
senyera, formó con Manzanedo, Carrete, Arias,
Botubot, Cerveró, Bonhof, Castellanos, Solsona,
Saura, Kempes y Darío Felman, y también
participó Tendillo. El Valencia venció 2-0,
ambos goles de la estrella argentina del equipo
che. Junto a Kempes, el hombre más destacado de
aquella final fue Arias.
La fiesta en la capital del Turia fue total.
Pero aún sería mayor la temporada siguiente, de
nuevo en competición europea. Tras el título de
Copa del Rey el Valencia disputó la Recopa de
Europa. Pasieguito retornó a la secretaría
técnica y se volvió a confiar para el asalto
europeo en Alfredo di Stéfano. Gracias al título
europeo, tanto la Liga como la Copa pasaron a un
segundo plano. La temporada 79-80 fue la del
mayor éxito (si exceptuamos el subcampeonato
conseguido en la Champions League de la
temporada 1999-2000) internacional del Valencia.
El conjunto de Mestalla tuvo que imponerse a
rivales de entidad, como el BK Copenhague, el
Glasgow Rangers, el Barcelona, el Nantes galo y,
ya en la final, el Arsenal londinense.
Unos 7.000 valencianos se desplazaron a
Bruselas para presenciar la final europea ante
los gunners del Arsenal, que eran inferiores en
número a los aficionados ingleses presentes en
el estadio Heysel. El equipo estuvo integrado
por Pereira, Carrete, Arias, Tendillo, Botubot,
Solsona, Bonhof, Subirats, Saura, Kempes y
Pablo. Ya en la prórroga, Castellanos suplió a
Subirats. El partido fue discreto y de mucha
tensión. Después de 120 minutos de juego y con
0-0 en el marcador, la final se resolvió desde
el punto de penalti. Le correspondió tirar al
Valencia y a Kempes, quien falló el lanzamiento.
Mal empezaban las cosas. Pero Ian Brady, el
cerebro del Arsenal, erró también el suyo.
Posteriormente se marcaron ocho consecutivos
(los valencianos por parte de Solsona, Pablo,
Castellanos y Bonhof) y se dio paso a una
segunda tanda. Ricardo Arias batió a Pat
Jennings y Pereira se convirtió en el héroe de
la final al detener el lanzamiento de Rix. La
euforia se desató y Saura fue el encargado de
recoger la Copa más importante que han levantado
los jugadores del Valencia.
El Valencia de la temporada 80-81 es el
Valencia de la Supercopa. Esta competición, que
enfrenta al ganador de la Copa de Europa con el
vencedor de la Recopa, no había sido ganada por
ningún equipo español hasta ese año. Algunos
jugadores del Valencia de entonces se han
quejado en repetidas ocasiones de que aquel
título no ha tenido especial significación en
España hasta que lo consiguió el Fútbol Club
Barcelona en 1992, una década después que el
conjunto de Mestalla.
El rival del Valencia fue un viejo
conocido, el Nottingham Forest, vigente campeón
de Europa y de la Supercopa y poseedor de un
gran potencial. La competición se disputaba a
doble partido. Los ingleses vencieron en la ida,
en el mítico City Ground, por 2-1, y el tanto
valencianista fue anotado por el argentino
Felman. Todo estaba por decidir en el Luis
Casanova. El Valencia saltó al campo con Sempere,
Cerveró, Botubot, Arias, Tendillo, Castellanos,
Saura, Solsona, Morena, Kempes y Felman. El
único gol del partido lo marcó el uruguayo
Fernando Morena y el valor doble de los goles en
campo contrario dio al Valencia el último título
europeo conseguido hasta la fecha.
En cuanto a la Liga, el Valencia tuvo
opciones esa temporada de lograr el campeonato,
aunque no lo alcanzó. Se clasificó en cuarto
lugar, a tres puntos del campeón: la Real
Sociedad. Una de las causas del discreto final
de liga valencianista fue la marcha de dos de
las estrellas del equipo, Mario Alberto Kempes y
Fernando Morena, que retornaron a sus países de
origen, para jugar en River Plate y en Peñarol,
respectivamente.
A partir de entonces, la situación social
y deportiva del Valencia Club de Fútbol comenzó
a empeorar. La celebración del Mundial en España
supuso un fuerte endeudamiento para la entidad,
ya que las obras de acondicionamiento del
estadio corrieron a cuenta del club. En la
temporada 81-82, el Valencia tuvo un papel
secundario y acabó en quinta posición. Tras la
marcha de Kempes y Morena llegó al equipo un
gran jugador, el danés Frank Arnessen, que sólo
pudo rendir el primer año, ya que las lesiones
le tuvieron apartado mucho tiempo de los
estadios. Ese año debutó también un joven
futbolista de Betxí que marcaría una época:
Roberto Fernández.
En la temporada siguiente (82-83) se empezó
a vislumbrar el desastre que se avecinaba. El
panorama económico era desalentador. Con Miljan
Miljanic como entrenador, las únicas alegrías de
la temporada fueron la victoria en Mestalla ante
el Barça de Diego Maradona, la vuelta de Kempes
al equipo tras su efímero paso por River y
eliminar al Manchester United, Banik Ostrava y
Spartak de Moscú en la Copa de la UEFA. El resto
todo fueron problemas y angustias. A falta de
siete jornadas para el final, y con el Valencia
en una situación agónica en la tabla
clasificatoria, Koldo Aguirre tomó el relevo a
Miljanic, que había sido destituido tras caer
5-2 en Sarriá.
El Valencia llegó al último partido de liga
con la obligación de ganar y esperar el
resultado de sus rivales por la permanencia para
no bajar a Segunda División. El partido, en
Mestalla, le enfrentaba ante un Real Madrid que
se jugaba el título liguero. El Valencia se
impuso 1-0, con gol de Tendillo, y además le
favorecieron los otros marcadores registrados en
aquella jornada: el Racing de Santander perdió
en Madrid ante el Atlético y el Celta de Vigo en
Valladolid, ambos por 3-1, mientras que Las
Palmas cayó 1-5 en el Insular ante el Athletic,
que con ese resultado se proclamó campeón. El
Valencia, milagrosamente, había salvado la
categoría.
Las dos siguientes temporadas (83-84 y
84-85) fueron de transición hacia tiempos
peores. Ramos Costa había dejado la presidencia,
ocupada ahora por el cardiólogo Vicente Tormo.
La deuda del club ascendía a más de 2.000
millones de pesetas y el número de socios había
sufrido un acusado descenso. Ante la mala
situación del club, comenzaron a subir numerosos
canteranos, entre los que destacaba un hombre
que lo dio todo en el Valencia: Fernando Gómez
Colomer.
La situación se había complicado hasta
límites insostenibles. Muchos jugadores no
cobraban las fichas y el club estaba endeudado
hasta los topes. La responsabilidad de entrenar
al equipo recayó en Óscar Rubén Valdez. Los
fichajes no salieron bien, ya que tanto Muñoz
Pérez como Sánchez Torres pasaron por Valencia
con más pena que gloria. El descenso de
categoría se consumó en esa fatídica temporada:
la 85-86. El equipo no empezó mal pero se fue
complicando la situación poco a poco. En la
jornada 22 el Valencia cayó por 6-0 en Atocha,
lo que provocó la destitución de Valdez y que
volviera Di Stéfano al banquillo valencianista.
A falta de cuatro jornadas para el final, el
Valencia estaba abocado al descenso, aunque una
victoria en el Sánchez Pizjuán de Sevilla (0-2)
y en casa ante el Hércules (3-1) dio un rayo de
esperanza para la permanencia. El conjunto
consumó el descenso al caer derrotado 3-0 en el
Nou Camp, y al empatar interesadamente Cádiz y
Betis. Esa igualada puso fin a 55 temporadas
ininterrumpidas en la élite del fútbol español,
con cuatro Ligas, cinco Copas, dos Copas de
Ferias, una Recopa, una Supercopa y una historia
plagada de grandes jugadores de talla
internacional. El descenso ha sido el momento
más duro de toda la vida del club de Mestalla.
Jugadores, directivos y muchos aficionados
coincidieron en que el descenso a Segunda sirvió
para que el Valencia se recuperara de sus males
y volviera por sus fueros. Quince años después,
el descenso es historia y el Valencia se codea
con los mejores equipos españoles y europeos.
Incluso ha rozado la gloria, al estar a punto de
hacerse con la Liga de Campeones, la antigua
Copa de Europa, en una final española que le
arrebató el Real Madrid en París en mayo de
2000.
El presidente del Valencia tras el descenso
fue Arturo Tuzón. La afición, muy dolida por
jugar en la categoría de plata, no abandonó al
Valencia y dejó patente su amor por el club de
Mestalla, aumentando el número de socios. El
Valencia fue campeón de Segunda, por lo que
retornó a Primera un año después del descenso.
En Segunda División se formó el bloque del
buen Valencia de los años siguientes, con
Fernando, Quique, Giner, Voro, Revert, Arroyo,
Fenoll, Bossio y los consolidados Sempere,
Subirats y Arias, la mayor parte valencianos y
valencianistas.
Tras el ascenso, el Valencia buscó
consolidarse en las temporadas siguientes. La
temporada 87-88, en la que participó durante
seis meses el argelino Rabah Madjer, cedido por
el Oporto, fue de transición y el equipo acabó
en decimocuarta plaza, en la que fue la última
temporada de Alfredo di Stéfano en el banquillo
valencianista, en su tercera etapa como técnico
che.
Para encarar la temporada siguiente, la
directiva de Tuzón pensó en Víctor Espárrago,
que entrenaba al Cádiz. El uruguayo era un
hombre serio que transmitió su personalidad al
equipo. Llevó al Valencia a una tercera posición
en la Liga 88-89 y a un subcampeonato en la
89-90.
La temporada 89-90 fue brillante para el
Valencia. El equipo realizó una magnífica Liga y
una aceptable Copa del Rey, además de disputar
dos eliminatorias de la Copa de la UEFA, ante el
Victoria de Bucarest y el Oporto de Rabah Madjer,
que eliminó injustamente al club valencianista.
En Liga, el comienzo fue decepcionante, aunque
el conjunto dirigido por Espárrago comenzó a
reaccionar y mejorar su fútbol. Ya iniciada la
Liga recaló en el Valencia el delantero búlgaro
Luboslav Mladenov Penev, que llegó del CSKA de
Sofía avalado por su facilidad de cara al gol.
Además, esta temporada sirvió para despedir a
Javier Subirats, tras doce años como
valencianista.
Para la siguiente temporada, la directiva
presidida por Arturo Tuzón apostó por el mismo
bloque que había conquistado el subcampeonato,
con el refuerzo de Roberto, que volvía después
de pasar por el Barcelona. Sin embargo, en este
ejercicio el Valencia no pudo pasar de la
séptima posición. En la Copa de la UEFA, la Roma
eliminó en cuartos de final al equipo che con un
arbitraje polémico que influyó en el resultado
final de la eliminatoria. También cayó en
cuartos el conjunto valencianista ante el
Mallorca, lo que provocó la decepción de los
aficionados.
En la temporada 91-92, el conjunto blanco
realizó un importante esfuerzo económico para
reforzar la plantilla. Tras el adiós de Víctor
Espárrago, recaló en el banquillo el entrenador
holandés Guus Hiddink, que se había proclamado
campeón de la Copa de Europa dirigiendo al PSV
Eindhoven. En cuanto a los fichajes, los más
destacados fueron los del malogrado delantero
panameño Rommel Fernández y el lateral izquierdo
brasileño Leonardo. En Liga, el equipo de
Hiddink terminó en cuarto lugar, mientras que en
la Copa del Rey el Real Madrid eliminó al
Valencia en cuartos de final. Una temporada más,
se cerraba el ejercicio con superávit, lo que
realzaba la gestión de Tuzón al frente del club.
Existía una gran ilusión por las
posibilidades del nuevo Valencia, que en aquella
campaña vivió momentos importantes en aspectos
extradeportivos, como la inauguración de la
Ciudad Deportiva de Paterna, la transformación
del club en Sociedad Anónima Deportiva y la
presencia de la selección olímpica española que
disputó sus partidos de los Juegos de Barcelona
en Mestalla.
Ricardo Arias, el jugador que más
temporadas y partidos oficiales ha disputado con
el Valencia en toda su historia, se retiró esa
temporada. El valencianismo se quedaba sin uno
de los jugadores más regulares y de más clase de
su historia, pero su lugar quedaba bien cubierto
por otro defensa valenciano: Paco Camarasa.
En 1992 empezaba una nueva etapa para el club
de Mestalla, que pasaba a ser una Sociedad
Anónima Deportiva. La agitación social fue
protagonista en los cinco años posteriores. Tras
el indiscutible éxito de gestión económica de
Arturo Tuzón, la derrota de Karslruhe supuso el
principio del final de su etapa como presidente
del Valencia.
La temporada 93-94 comenzó bien para un
Valencia que pronto se colocó en la primera
posición de la Liga y que comenzó la UEFA
eliminando al Nantes francés, en el que
despuntaban los entonces jóvenes Loko, Makelele,
Karembeu y Pedros. Ese verano, el Valencia había
contratado al montenegrino Predrag Mijatovic,
que llegó a ser uno de los mejores jugadores del
Valencia en dicha década pero que tuvo una
salida escandalosa del club. Como líder de la
Liga, el 2 de noviembre de 1993, el Valencia
jugó en Alemania el partido de vuelta de la
segunda ronda de la UEFA. En la ida, los de
Hiddink habían ganado por 3-1, con lo que
parecía probable el paso a la siguiente ronda.
Pero una abultada derrota por 7-0 supuso para el
Valencia la mayor humillación europea de su
historia. Hiddink se tambaleaba y fue destituido
tras perder en Gijón el fin de semana siguiente.
Guus Hiddink fue sustituido por Francisco
Real, hasta entonces miembro de la secretaría
técnica del club, que no logró levantar la moral
ni los resultados del equipo y que, tras cinco
jornadas, dio paso a Héctor Núñez, un delantero
uruguayo que había jugado en el Valencia en los
años 60. Mientras, el consejo de Administración
de Arturo Tuzón se resquebrajaba. Las dimisiones
y los escándalos internos acabaron con la
dimisión de Tuzón, al que sustituyó de forma
provisional Melchor Hoyos. Se había abierto un
proceso electoral que llevaría a Francisco Roig
a la presidencia, tras ganar en las urnas al
otro candidato, Ramón Romero. Mientras, a la
estrella del equipo, Lubo Penev, se le detectaba
un cáncer de testículos que le mantuvo un año
inactivo, pero del que afortunadamente se repuso
por completo. También comenzaba a jugar sus
primeros partidos un jovencísimo Gaizka
Mendieta, que había sido fichado del Castellón y
que se convirtió en la gran estrella del
Valencia. La tragedia personal se cebó en el
Valencia en septiembre de 1993: el delantero
panameño Rommel Fernández, cedido al Albacete,
perdía la vida al sufrir un accidente de
automóvil.
El 9 de marzo de 1994 fue elegido Roig
presidente. Su primera decisión, horas después
de ganar las elecciones, fue destituir a Héctor
Núñez como entrenador y nombrar secretario
técnico a Jesús Martínez. Mientras decidían el
nombre de su sustituto, José Manuel Rielo pasó
de segundo entrenador a técnico principal. La
elección de Roig para el banquillo fue
sorprendente: Guus Hiddink era nuevamente el
elegido, apenas cinco meses después de su
destitución. El Valencia enderezó algo su rumbo
y acabó la Liga con un mejor fútbol y mejores
resultados.
Francisco Roig aprovechó el Mundial de
1994, que se disputó en Estados Unidos, para
contratar al que se convertiría en el entrenador
campeón del torneo, el brasileño Carlos Alberto
Parreira. Otros de sus fichajes más destacados
fueron el de Andoni Zubizarreta, portero titular
de la selección española, y el delantero ruso
Oleg Salenko, que se acabaría proclamando
‘pichichi’ del Mundial pero que no brilló en
Valencia como en Estados Unidos. En la temporada
94-95, el Valencia llegó a la final de la Copa
del Rey, no sin antes despedir al técnico.
Parreira fue cesado en las semifinales de Copa,
frente al Albacete, y Rielo volvió a hacerse
cargo del equipo. La final de Copa se disputó
ante el Deportivo de La Coruña, el 24 de junio
de 1995, y fue suspendida por una espectacular
tromba de agua que cayó en el Santiago Bernabéu
con 1-1 en el marcador. Hubo de jugarse el
tiempo que restaba tres días después. Tras el
doble traslado de la afición valencianista a
Madrid, el disgusto no pudo ser mayor: un gol de
Alfredo, nada más reanudarse el partido, privó
del título al Valencia. Pese a la decepción, la
ilusión de la afición y sus ganas de títulos
llevó al público a llenar espontáneamente
Mestalla, para recibir a unos cabizbajos
subcampeones de Copa.
La temporada 1995-96 empezó con nuevo
técnico. El veterano Luis Aragonés fue el
elegido para llevar al Valencia al subcampeonato
de Liga con un equipo en el que destacaban
Zubizarreta, Camarasa, Fernando y Mijatovic. El
Atlético de Madrid, que había contratado a Lubo
Penev, fue el campeón de Liga y de Copa del Rey
aquella temporada. ‘Pedja’ Mijatovic, el gran
ídolo del momento, se marchó al Real Madrid
abonando el importe de su cláusula de rescisión,
lo que supuso una afrenta imperdonable para el
valencianismo.
En el verano del 96, Francisco Roig cumplió
su aspiración de fichar a Romario. El genial y
díscolo delantero brasileño, sin embargo, chocó
con el carácter de Aragonés y fue cedido al
Flamengo. Su contratación coincidió con la del
ariete argentino Claudio ‘Piojo’ López, otro
futuro ídolo de la afición valencianista. Los
malos resultados de Liga provocaron la
destitución del técnico madrileño y en su lugar
se contrató a Jorge Valdano. El técnico
argentino debutó en noviembre de 1996 y completó
una nueva temporada sin títulos y con la
eliminación copera ante la UD Las Palmas,
entonces equipo de Segunda División, y el ‘KO’
en la UEFA ante el Schalke 04 alemán que
acabaría ganando dicha competición. En diciembre
de ese año, el Valencia contrató a otra estrella
sudamericana, el argentino Ariel ‘Burrito’
Ortega.
Valdano comenzó la temporada 97-98, pero
fue destituido en la tercera jornada tras perder
contra Mallorca, Barcelona y Racing de
Santander. También había sido cesado Jesús
Martínez como secretario técnico, cargo que pasó
a ocupar el valenciano Javier Subirats. El
sustituto de Jorge Valdano fue el italiano
Claudio Ranieri, que pronto chocó con Romario
-repescado tras la cesión- y Ortega y cuyos
inicios no fueron especialmente brillantes.
Tanto desorden deportivo desembocó en la
dimisión de Francisco Roig como presidente.
Pedro Cortés, hasta entonces vicepresidente,
asumió la dirección del club el 2 de diciembre
de 1997. El Valencia era penúltimo en Liga y se
cruzaba en Copa con el modesto Figueres, al que
eliminó con apuros. Ranieri se tambaleaba pero
fue mantenido en su puesto. El Valencia acabó la
Liga en novena posición, ganándose el derecho a
participar en la Copa Intertoto, una nueva
competición que daba acceso a la Copa de la
UEFA. El único fichaje que había hecho el
Valencia a mitad temporada fue el del delantero
rumano Adrian Ilie, cuyos primeros meses como
valencianista fueron espectaculares.
Claudio Ranieri empezó la campaña 98-99
clasificando al Valencia, a través de la
Intertoto, para la Copa de la UEFA, en la que
fue eliminado por el Liverpool. En Liga, el
Valencia acabó cuarto, con lo que se ganó el
derecho de participar en la Liga de Campeones,
competición que había sustituido a la Copa de
Europa. Pero el gran éxito de esa temporada fue
en Copa del Rey: el Valencia ganó el torneo, en
el estadio Olímpico de Sevilla, al imponerse al
Atlético de Madrid por 3 a 0 el 26 de junio de
1999, con un golazo de Mendieta y dos del
‘Piojo’ López. La euforia vivida por la afición
del Valencia fue indescriptible, y los merecidos
festejos aún se recuerdan. Veinte años después,
llegaba un nuevo título a las vitrinas del club.
Los héroes del campeón de la final fueron
Cañizares, Angloma, Djukic, Roche, Carboni,
Mendieta, Milla, Farinós, Vlaovic, Ilie y
Claudio López. También jugaron Juanfran, Angulo
y Björklund.
Pero Ranieri no continuó dirigiendo al
Valencia. El técnico romano se había
comprometido con el Atlético de Madrid en la
primavera de 1999, equipo al que él mismo había
privado de ganar la Copa del Rey. Para
sustituirle se eligió al argentino Héctor Cúper,
que había llegado al Mallorca dos temporadas
antes ofreciendo un rendimiento asombroso para
la entidad balear: una Supercopa de España, una
final de Copa del Rey y una final de Recopa. El
fichaje más destacado de aquel verano fue el del
interior izquierdo argentino ‘Kily’ González. La
inercia ganadora de ese Valencia le permitió
iniciar la temporada 1999-2000 ganando un nuevo
título, la Supercopa de España, frente al FC
Barcelona. En Liga terminó en tercera posición,
por detrás del campeón, el Deportivo de La
Coruña, y del FC Barcelona. Pero el gran éxito
fue europeo: en la primera participación del
Valencia en el formato ‘Champions League’, el
equipo llegó a la gran final asombrando al mundo
por su fútbol y su ambición. Lamentablemente, en
la final disputada en París, el 24 de mayo de
2000, ganó el Real Madrid por 3-0. Se había
rozado la gloria máxima, y el Valencia se había
convertido en el equipo de moda en Europa.
El adiós de Claudio López, que se marchó al
Lazio italiano, y el de Farinós al Inter- y
Gerard al Barcelona, marcaron el inicio de la
actual temporada, la 2000-2001. Cúper continúo
como entrenador y algunos de los fichajes más
destacados de ese verano fueros los del uruguayo
Diego Alonso, el noruego John Carew, el ex
atlético Rubén Baraja, el argentino Ayala y el
lateral brasileño Fabio Aurelio.
La primera mitad de la temporada 2000-2001
estuvo marcada por la buena trayectoria en la
Liga. El equipo arrancó con buen pie el
campeonato y se mantuvo como líder durante más
de diez jornadas. Después del descanso navideño,
el Valencia C.F. empezó a pagar la exigencia
máxima que requiere una competición tan
absorbente como la Champions League. Tras
superar las dos fases de liguillas, el equipo de
Cúper eliminó al Arsenal en cuartos de final y
al Leeds United en semifinales, y se preparó
para medirse al Bayern de Múnich en la gran
final. Nuestro equipo rozaba el cielo de nuevo.
Después de París, esta vez la cita con la gloria
llegaba en Milán. El partido culminante de la
UEFA Champions League se disputó el 23 de mayo
en San Siro. Mendieta marcó de penalti en el
inicio del choque, Cañizares paró una pena
máxima a Mehmet Scholl y Effenberg fijó el
empate tras e descanso gracias a otro penalti
señalado por el colegiado Dick Jol. Después de
la prórroga, la lotería de los penaltis decidió
que el Valencia
fuese de nuevo subcampeón de Europa, un hito
empañado por el deseo de triunfo pero que supuso
la cima europea de la historia de nuestro club.
El golpe de Milán fue difícil de superar para
los nuestros, que en las últimas jornadas de
Liga cayeron hasta el quinto lugar de la tabla,
quedándose fuera de la edición 2001-2002 de la
Champions League.
El mes de julio trajo el adiós del
presidente D. Pedro Cortés, que presentó la
dimisión por motivos personales y se marchó con
la satisfacción de haber conseguido una Copa del
Rey, una Supercopa y dos subcampeonatos de la
Champions. Su relevo en la presidencia lo tomó
D. Jaime Ortí, que manifestó su intención de
mantener la buena línea que había llevado al
club a ser admirado en toda Europa. También hubo
cambios en en el banquillo y en la plantilla.
Rafa Benítez, después de ascender al Tenerife,
sustituyó a Héctor Cúper como entrenador. Entre
los jugadores, se marcharon Mendieta, Deschamps,
Milla, Zahovic y Gerardo, y llegaron Marchena,
Mista, Curro Torres, Rufete, De los Santos y
Salva. Todos forman la base de un nuevo Valencia
que parte con las máximas aspiraciones en Liga,
Copa del Rey y UEFA Cup de cara a la temporada
2001-2002. ¡Ojalá continúen los éxitos!
En las temporadas 2001/02 y 2003/04 el Valencia
CF ha vivido algunos de los momentos más
gloriosos de la historia de la institución,
justo en el momento que se cumplía en el año
2004 el 85 aniversario del nacimiento de la
entidad. Con la suma de dos Ligas, una UEFA Cup
y una Supercopa de Europa, en este sexenio
mágico se han logrado nada menos que cinco
títulos de primer nivel y dos finales de UEFA
Champions League.
Pese a la eclosión de los grandes
presupuestos y los fichajes megamillonarios, el
Valencia CF ha sido de largo el mejor de España
en este inicio del siglo XXI y uno de los
mejores del mundo. Una gran planificación
deportiva, la permanencia de un bloque sólido y
la seguridad y paciencia en el equipo en
momentos puntuales han convertido al club que
preside D. Jaime Ortí en uno de los referentes
de este deporte en la actualidad.
Todo comenzó en la Temporada 2001/02 que
trajo la conquista de la Liga 31 años después.
El equipo tuvo las nuevas incorporaciones del
técnico Rafa Benítez procedente del Tenerife y
de Marchena, Mista, Curro Torres, Rufete, De los
Santos y Salva. Con una pretemporada
ilusionante, el comienzo de la Liga presentaba
al Valencia CF como uno de los candidatos al
título. Además en el primer encuentro se podría
ver la verdadera medida del equipo.
Ese primer partido de Liga deparó una
victoria importante, significativa. Ante el Real
Madrid. Con contundencia y claridad. Lo que
siguió un record de imbatibilidad de 11
encuentros consecutivos batiendo el que estaba
vigente la temporada 1970/01, justo cuando se
había conseguido la última Liga.
Sin embargo la conquista Liguera no sería
un camino de rosas. Tras la derrota en Coruña
ante el Depor el nueve de diciembre de 2003, el
equipo estaba obligado a ganar al Espanyol en
Montjuic para no quedarse descolgado. Tras ir
perdiendo en el descanso por 2-0 un inicio de
segunda parte espectacular volteó el marcador al
definitivo 2-3 con un resultado que daría mucha
moral al equipo en el futuro.
Así, la segunda vuelta de la competición fue
definitivamente histórica. El equipo de Benítez
pasó una pequeña crisis tras perder en el
estadio Santiago Bernabéu por 1-0 pero se
sobrepuso a la adversidad y logró cuatro
victorias y dos empates en los siguientes seis
encuentros. Los partidos ante Las Palmas,
Athletic de Bilbao, Alavés Real Zaragoza y sobre
todo el soberbio triunfo ante el FC Barcelona
dieron la seguridad suficiente al bloque para
afrontar con garantías los 10 últimos encuentros
ligueros, claves en una competición cómo esta.
Y en uno de estos encuentros fundamentales
también se cruzaría el Espanyol. Con un
resultado desfavorable de 0-1 y la expulsión de
Carboni antes de llegar al descanso, el equipo
se creció ante la adversidad y dos goles de
Baraja hacían cruzar al Valencia CF del fino
paso de la ilusión a tocar la gloria. Además la
derrota del Real Madrid en Anoeta dejaba el
título de Liga a tres puntos.
La estación final fue La Rosaleda. En una
fecha que ya ha pasado a la historia del
valencianismo, el 5 de Mayo de 2002. La
expedición se recluyó en Benalmádena, cerca del
escenario del partido para huir de la increíble
euforia que se vivía cerca del equipo. Y vaya si
se notó la confianza y seguridad de un bloque
destinado a pasar a la historia. No se tuvo que
padecer demasiado. Un gol tempranero de Ayala y
otro con un suspense innecesario de Fabio
Aurelio al borde del descanso certificaban la
quinta Liga. ¡El Valencia era 31 años después
campeón de Liga! El estadio del Málaga fue todo
un torrente de emociones. Los aficionados
fundidos en un eterno abrazo con sus ídolos,
sonidos de traca que retumbaban en todo
Andalucia, banderas blanquinegras y valencianas
besando el cielo andaluz. Un escenario idílico
que se repetía y se multiplicaba en la ciudad al
ver a centenares de miles de valencianistas
disfrutar como nunca lo habían hecho.
Generaciones enteras de hinchas del Valencia
disfrutaron toda la madrugada e incluso se
desplazaron directamente al Aeropuerto de
Manises esperando el vuelo de una expedición
procedente de Andalucía y que arribó a la una de
la tarde.
Toda la Ciudad enloquecida salió a la calle
para recibir en un día lluvioso al Campeón de
Liga. Pese al clima desapacible el Ayuntamiento,
Basílica, Generalitat se vestiría de blanco y
negro. El climax arribaría en el Camp de
Mestalla. Con un comportamiento excelso de la
afición, el equipo cerraría una jornada
inolvidable que afortunadamente no se tardaría
en repetir.
La conquista Ligera dio paso a una campaña
2002/03 que tuvo un sabor un tanto agridulce. El
Valencia CF comenzó la campaña con la misma
plantilla que fue campeona y con la vuelta a la
UEFA Champions League como uno de los objetivos
prioritarios. La Liga no tuvo un mal comienzo.
De hecho en la jornada octava gracias al tanto
de Fabio Aurelio el equipo sumó su quinta
victoria en ocho partidos invictos y finalizó el
año como el mejor conjunto de la primera
división en un año 2002 glorioso tras la
conquista Liguera. Sin embargo la campaña no
finalizaría con los resultados apetecibles
aunque sería una gran advertencia para el
futuro.
De este modo la Temporada 2003/04 se
planteaba como un reto. El Valencia Club de
Fútbol acababa de quedarse fuera de la UEFA
Champions League y se tenía que conformar con la
UEFA Cup, un premio corto para la categoría de
un equipo que había demostrado ser campeón. Su
orgullo y ganas de volver a triunfar impulsaron
un inicio de temporada histórica. Tras el empate
ante el Real Valladolid, el equipo realizaría el
mejor arranque liguero de la historia con seis
victoria consecutivas ante rivales del calibre
de Real Madrid, Atlético de Madrid, Málaga,
Osasuna, FC Barcelona y Espanyol..
De este modo La Liga 2003/04 confirmaba un
rosario de consecuciones de récords. Sumó 77
puntos consiguiendo 23 victorias, más triunfos
que ninguno siendo el máximo goleador con 71
goles (una de las medias más altas de la
historia de la institución), repitiendo como el
menos goleado con tan sólo 27 goles encajados.
Además fue considerado el mejor club del mundo
el mes de abril entre otros numerosos títulos
honoríficos que redondearon la conquista de la
Liga solamente un año después.
Centenares de miles de personas salieron a
la calle para celebrar este triunfo histórico y
las imágenes del Aeropuerto de Manises
recibiendo al equipo y su posterior recorrido
por las calles de la ciudad dedicando el triunfo
a la Virgen de los Desamparados y saliendo al
balcón de la Generalitat y el Ayuntamiento, se
mantendrán en la memoria colectiva del
Valencianismo para toda la vida.
Mientras la Liga se conseguía poco a poco,
otro tanto iba sucediendo en la UEFA Cup. El
equipo abría el fuego ante el AIK Solna Sueco en
octubre en una eliminatoria que costó más de lo
previsto dada la fortaleza física de los suecos
que estaban mejor en estas alturas de principios
de temporada. Una doble victoria por 1-0
certificaba el pase a una siguiente ronda que
enfrentaría al equipo de Benítez ante el Maccabi
Haifa israelí.
El partido de Mestalla terminaría con un
preocupante empate a 0. Además la situación
bélica que se vivía en ese país dificultaba más
aún la consecución de la eliminatoria. No
obstante una justa resolución de la UEFA emplazó
a que el encuentro se jugase en campo neutral,
concretamente en Rótterdam. El resultado,
concluyente, cuatro goles a cero y un paso más
en el camino imparable de la conquista del
título europeo.
En la tercera ronda depararia el Besiktas,
el primero de los rivales turcos que se enfrentó
al Valencia CF en su trayectoria. Otro resultado
ajustado en el partido de ida (3-2) trajo la
incertidumbre para el encuentro de vuelta en el
infierno otomano. Sin embargo el carácter de
campeones del Valencia CF de nuevo consiguió una
victoria concluyente por 0-2.
En los octavos de final, otro rival turco,
en esta oportunidad de nombre impronunciable
pero que se había convertido en la revelación
del campeonato. El Gençlerbirligi había
eliminado hasta la fecha al Parma, Sporting de
Lisboa y Blackburn Rovers con lo que el
encuentro en el estadio 19 de Mayo no se preveía
nada fácil. Sin embargo el 11 de marzo, fecha
donde se jugó el encuentro, no se recordará
precisamente por el acontecimiento deportivo
sino por el atentado en Madrid que segó la vida
a casi dos centenares de personas. Dada la
magnitud de la catástrofe la UEFA estuvo a punto
de suspender el partido pero finalmente se
decidió jugar y que finalizó con otro resultado
en contra de 1-0.
Otra vez en la vuelta se decidiría la
eliminatoria. Y otra vez el equipo remontaría un
resultado adverso con una circunstancia novedosa
y adicional como fue el gol de Vicente en el
minuto cinco de la primera parte de la prórroga
que supuso el primer gol de plata de la historia
de la UEFA. El resultado final, 2-0 a favor,
otra eliminatoria sufrida y los cuartos de final
ganados a pulso. A falta de cinco partidos, el
Girondins de Burdeos era el próximo rival. El
optimismo pues reinaba en el Valencia CF que en
estas fechas por el mes de abril se había
convertido en un equipo imparable. Y a fe que lo
demostró en Burdeos derrotando con claridad a
los franceses por 1-2 y dejando en franquicia el
pase a las semifinales. Otro sendo 2-1 en el
Camp de Mestalla y las semifinales en unos días.
Nada menos que ante el Villarreal en el
denominado “Euroderbi”.
Sin duda fue la eliminatoria más
apasionante de todas las disputadas. El primer
encuentro se definió por la igualdad y la
emoción pese a que el resultado de 0-0 fue
injusto dado el fútbol desplegado por los dos
equipos. El Valencia CF fue superior aunque se
dio por bueno el empate. Además dado el clima de
fraternidad que existió entre los dos equipos,
parecía justo que el pase a la final se
decidiera en una gran fiesta en el Camp de
Mestalla.
Como se preveía fue otro encuentro
vibrante, jugado de poder a poder y en donde la
responsabilidad pesó en el desarrollo del
partido. Un detalle, en esta oportunidad un
penalti sobre Mista y la transformación del
propio delantero, decidió la eliminatoria. Pese
al acoso del Villarreal, de nuevo la solvencia
defensiva del Valencia CF dejó la puerta a 0 y
el resultado final de 1-0 trajo la apoteosis en
el Camp de Mestalla y la fiesta en toda la
ciudad. Ese jueves siete de Mayo fue una
prolongación de la felicidad que embargó al
equipo durante todo el mes. Pasase lo que pasase
en Goteborg, sede de la final, el equipo ya
había completado su temporada más dorada. La
conquista de la UEFA Cup se veía, por lo tanto,
como el broche de oro a una trayectoria
impecable.
Pero el equipo viajó con la intención de
ganarla y desquitarse definitivamente de las
finales de París y Milán. Por eso lo vivido ese
20 de Mayo fue una invitación a la historia. Con
un partidazo de todo el equipo, especialmente de
Mista y Vicente, autores de los dos goles, el
Valencia CF derrotó con contundencia al
Olympique de Marsella y volvía a reinar en
Europa después de la mítica Supercopa de Europa
del año 80. Se acababa de cristalizar el primer
doblete histórico de la entidad.
Como puntilla a este doblete, la Supercopa de
Europa conquistada en Mónaco el 27 de Agosto de
2004 convirtió ese año en el más grande de
siempre, y que fue ratificado el 11 de enero con
el nombramiento del equipo como el mejor del
mundo.
FUENTE: VALENCIA CF